viernes, 26 de julio de 2019

Estereotipos


ESTEREOTIPOS FEMENINOS Y MASCULINOS 




Normalización


NORMALIZACIÓN DE CONDUCTAS

Con frecuencia nos preguntamos cómo una mujer puede permanecer en una relación de maltrato. La respuesta es multidimensional. Por parte, interviene la idea que las mujeres tienen del maltrato. Al tratarse de un fenómeno cultural, muchas de ellas están socializadas en la aceptación de patrones de conducta abusivos sin ser conscientes de ello. Según un estudio reciente, en torno al 90 por ciento de las entrevistas consideraba la agresión física como única forma de maltrato y las participantes de mayor edad asociaban en menor medida el hecho de sufrir golpes con la idea de malos tratos. Los resultados reflejan la "normalización" de determinadas conductas en las relaciones de pareja. 



El ciclo de la violencia descrito por Walker no solo constata las diversas fases del denómeno (tención-agresión-remisión), sino que también recoge las principales sintomatologías de la mujer maltratada, de tal manera que revela la trampa en la que muchas caen y permanecen hasta incluso morir.  


Articulo completo Aquí 

BIBLIOGRAFÍA: Expósito, F., & Moya, M. (2011). Violencia de género. Mente y cerebro48(1), 20-25.

Mujer Maltratada


SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA


Tal como mantiene Luis Bonino, psiquíatra y director del Centro de estudios de la condición masculina, existe una serie de micromachismos que dificultan la visualización del fenómeno del maltrato. Se trata de maniobras "normalizadas" que desarrollan los varones y que prácticamente aceptan las mujeres. Los micromachismos sirven para mantener el dominio y la superioridad de los hombres frente a las mujeres, para recuperar la dominación ante la que se rebela o para poner resistencia al aumento de poder personal o interpersonal del sexo femenino actual. En pocas palabras, el denominador común es atentar contra la autonomía de la mujer.



                                   

Sumisión y Control


OBJETIVO: SUMISIÓN Y CONTROL


El ejercicio de poder tiene dos efectos fundamentales, uno opresivo (uso de la violencia para conseguir un fin) y otro configurador (redefine las relaciones en una situación de asimetría y desigualdad). El sometimiento se convierte en la única salida posible para mantener la nueva situación. La cultura ha legitimado la creencia de la posición superior del varón, reforzada a su vez a través de la socialización. Todo ello ha facilitado que las mujeres se sientan inferiores y necesiten la aprobación de los hombres para sentirse bien consigo mismas y con el papel en la vida para la que han sido educadas. 
La asimetría de poder de un género sobre otro ampara las diferencias y configura el diseño " apropiado" de proceder en las relaciones: los varones ofrecen la protección a las mujeres a cambio de la obediencia y el sometimiento. Ellos ocupan así una posición de control y dominio. 
El carácter sutil y encubierto de dicho tipo de sexismo dificulta su detección al tiempo que obstaculiza las reacciones de rechazo por parte de las afectadas.  Si la violencia de género es una cuestión cultural que resulta de un proceso de socialización, cabría preguntarse entonces si todos los hombres son maltratadores o si existe una psicología del matratador. Según la biblografía no se trata de hombres agresivos ni de psicópatas. La violencia es un recurso que la sociedad y la cultura ponen a disposición de los hombres para su uso en " caso de necesidad", dejándo a criterio de cada uno cuándo surge ese requerimiento. 

Violencia de género



VIOLENCA DE GÉNERO 



La definición más aceptada de violencia de género es la propuesta por la ONU en 19995: "Todo acto de violencia sexista que tienen como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de libertad, ya que sea que ocurra en la vida pública o en la privada. 


Un binomio Inseparable

La violencia de género ha ido impregnándose con el tiempo de significado social, adulterando de esa manera su definición original basada en el binomio inseparable de violencia y género. Así, de satisfacer una necesidad de supervivencia se ha convertido en una conducta instrumental que introduce desigualdad en una relación interpersonal o mantiene una desigualdad subyacente y estructural. Es precisamente en este sentido que la violencia y el género se convierten en un binomio inseparable, ya que la primera se usa como mecanismo para conseguir un plus de presencia o influencia respecto a lo segundo. 

Agresión Encubierta 

1. La cultura ha legitimado la creencia de la posición superior del varón, lo cual ha facilitado que las mujeres se sientan inferiores. 

2. El agresor actúa de forma coherente con su propio objetivo de sumisión y control, por lo que no existe un único perfil de maltratador.

3. Al tratarse de maniobras habituales no parecen dañinas. Las víctimas deben reconocer el maltrato y rechazarlo.