OBJETIVO: SUMISIÓN Y CONTROL
El ejercicio de poder tiene dos efectos fundamentales, uno opresivo (uso de la violencia para conseguir un fin) y otro configurador (redefine las relaciones en una situación de asimetría y desigualdad). El sometimiento se convierte en la única salida posible para mantener la nueva situación. La cultura ha legitimado la creencia de la posición superior del varón, reforzada a su vez a través de la socialización. Todo ello ha facilitado que las mujeres se sientan inferiores y necesiten la aprobación de los hombres para sentirse bien consigo mismas y con el papel en la vida para la que han sido educadas.
La asimetría de poder de un género sobre otro ampara las diferencias y configura el diseño " apropiado" de proceder en las relaciones: los varones ofrecen la protección a las mujeres a cambio de la obediencia y el sometimiento. Ellos ocupan así una posición de control y dominio.
El carácter sutil y encubierto de dicho tipo de sexismo dificulta su detección al tiempo que obstaculiza las reacciones de rechazo por parte de las afectadas. Si la violencia de género es una cuestión cultural que resulta de un proceso de socialización, cabría preguntarse entonces si todos los hombres son maltratadores o si existe una psicología del matratador. Según la biblografía no se trata de hombres agresivos ni de psicópatas. La violencia es un recurso que la sociedad y la cultura ponen a disposición de los hombres para su uso en " caso de necesidad", dejándo a criterio de cada uno cuándo surge ese requerimiento.

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